martes, 11 de octubre de 2011

“… de qué está hecho ese surgir de palomas…” GALOPE MUERTO, cuarta estrofa, RESIDENCIA EN LA TIERRA 1, análisis de fernando reyes franzani.


Neruda joven




“… de qué está hecho ese surgir de palomas…” GALOPE MUERTO, cuarta estrofa, RESIDENCIA EN LA TIERRA 1, análisis de fernando reyes franzani.









GALOPE MUERTO: Análisis textual de la cuarta estrofa.


por fernando reyes franzani





El análisis textual de la tercera estrofa finalizaba con:

Quote

Y concluye, el hablante residenciario de ‘Galope Muerto’, regresando a su subjetividad misma, con la explicitación de su sentir sobre lo referido: éste es un desorden vasto, es decir, inmenso, indudablemente que lo es, puesto que no lo ha podido abarcar, tan inmenso, que lo declara igualmente, oceánico, al menos para él lo es, (que existan a la vez la vida, y que su desarrollo implique la muerte de la conciencia que desde la misma naturaleza emana), y así lo explicita, aún más inmenso: un desorden oceánico;


                                                                    “para mí que entro cantando
como con una espada entre indefensos.”


                                                                    y es el final de la tercera estrofa. (Y el inicio del tercer momento clave estructural).

Hay algunos que con mucho descuido, han interpretado esta declaración del hablante sobre el desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando, un afirmar el hablante que es para él la misión de desentrañar, de aclarar, de ordenar; y aún otros, han agregado, que ya que él se declara poeta, al decir que entra cantando, que es para la poesía esta misión, y que solo la poesía en sí, el hablante considera, es capaz de aquello.

Eso, en el peor de los casos: es pura tontería. En el mejor: es la manida salida de sugerir, que en los poetas modernos, y sobre todo en los ateos, la poesía es una religión.

En algunos casos eso puede ser así. Pero en ‘Galope muerto’, no es ni lo uno, ni lo otro. Salvo que estemos sugiriendo que el hablante de ‘Galope muerto’ es un hablante torpe, que contradice lo que, en apenas cuatro versos atrás, declaró tan enfático: “ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar”.

No, y no. Desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando, es, toda una auto acusación, un otra vez reconocer su incapacidad, puesto que su corazón, ante este aspecto de la realidad residenciaria, es pálido. (En verdad es como si dijera: y esto me pasa precisamente a mí, que soy poeta, que debiera ser capaz de abarcar, y no lo soy, ya lo dije, ¡es el colmo que me pase!)

Él ha presentado el hecho. Él debiera resolverlo. Él no es capaz, a pesar que él es poeta; y además ¡es el hablante!

Así lo reconoce de modo tremendamente honrado, con humildad, sin falso orgullo: y de paso, es obvio que afirma, por tanto, la incapacidad de la poesía. (¿Será todo esto así, tan neto, o hay ulteriores sutilezas?).

La poesía no es la Religión del hablante residenciario. Y que el hablante residenciario es un poeta, lo declara al decir que entra cantando, eufemismo disminuidor, humilde, de poetizar. (Para todo poeta de conciencia extremada, ¿y cuál no, es más excelsa la poesía culta que el cantar popular).

¿Y dónde entra, o ha entrado, y a través de qué?: Es en el propio ‘Galope muerto’, donde lo hace, y es a través de ‘Galope muerto’ mismo, y entre nosotros, los que estamos leyendo, activando a ‘Galope muerto’, los que somos, y con tremenda energía, orgullo y autosuficiencia, nos declara unos inocentes.

Entre nosotros, los inocentes, él ha entrado, como con una espada. Por lo que espada, pasa a ser aquí, en ‘Galope muerto’, un símbolo del propio poema, y un símbolo, en general, de poesía, y un símbolo, a la vez, de lo hasta ahora innominado. Un símbolo multi referente. Y es esa espada la que a nosotros ahora nos aqueja, como ya lo veremos. (A nosotros, como representantes de lo seres residenciarios, obvio).

Obsérvese, de paso, que ha aparecido la primera imagen guerrera: el hablante lírico entra como con una espada entre indefensos. Al parecer con algo está luchando.

Pero ya sabemos que el hablante residenciario se ha declarado incapaz de resolver el misterio. ¿Qué hace con esa espada?

Lo único que puede hacer es transferirla en su acepción simbólica de lo innominado. Y eso es precisamente lo que hará.

Para realizar esto, el hablante residenciario, que ya ha cambiado una vez de piel, de narrador objetivo, a hablante lírico, cambiará de piel otra vez, como sugerido por Nietzsche, puesto que toda sabiduría verdadera perece si no es capaz de cambiar de piel, o de hacerse “como cenizas” y renacer; de hacerse como la serpiente: la serpiente, la sabiduría, será, como a las puertas del paraíso, custodiada por la espada en manos de otro, y ahora, siguiendo a Heráclito, para quien “El Señor de la voz del oráculo, no afirma ni niega, solo presenta enigmas” se transformará en una voz oracular, un hablante oracular, un hablante en mitos, palabras divinamente inspiradas, divinidades revestidas de lo humano: esa será su tercera piel; y la espada quedará de nuestro lado, del lado de los inocentes, los que inocentemente nos hemos metido en ‘Galope Muerto’. (Completando el tercer momento estructurador, en no se sabe aún qué limbo).

La voz oracular debe ser interpretada, no por ella misma, sino por los oyentes, los que preguntan. Nosotros no habíamos preguntado nada, pero somos los oyentes. Por eso es que somos unos indefensos, pues, no habiendo preguntado, nos cabe a nosotros, por habernos metido en ‘Galope Muerto’, aceptar el reto de custodiar la espada. ¿Seremos capaces, o seremos tan incapaces como el hablante residenciario?

Como se trata de un misterio, el hablante residenciario, haciéndose una voz oracular, transfiere, desde el señor del oráculo, el problema a los “indefensos” que leen ‘Galope muerto’. Él no pudo. ¿Podremos nosotros los indefensos? ¿Podrá los inocentes residenciarios donde el hablante demiurgo no pudo? ¿Podrán las creaturas más que su creador?



El hablante oracular:                                                          (Cuarta estrofa)

“Ahora bien,”
                        (que vale por yo no pude, ¿podrán ustedes?)

                        “de qué está hecho ese surgir de palomas
que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?
Ese sonido ya tan largo
que cae listando de piedras los caminos,
más bien, cuando sólo una hora
crece de improviso, extendiéndose sin tregua.”

Continuamos ahora con el análisis textual de la cuarta estrofa, citada en bloque ahí inmediato arriba:


                                                                              ahí está enunciado el oráculo, el enigma. El mito a interpretar.

El hablante residenciario está saliendo, airoso diríamos, del laberinto en el que se metió, y sin dar la oreja:

A la verdad es que el oráculo no agrega mucho a lo que ya sabíamos, salvo su forma oracular: Una pregunta y dos afirmaciones, dirigidas a los lectores residenciarios.

De paso, no veo forma más envolvente de incorporar a los lectores del poema, que hacerlos actores del poema: y en eso estamos.

En la pregunta aparece un surgir de palomas. Ya sabemos que cuando el hablante residenciario adoptó la actitud de escucha, aquello que percibió fue un aleteo inmenso, encima: el signo. Ahora es lo mismo: pero bajo la forma más concreta de la imagen de un surgir de palomas.

Y la pregunta es: ¿de qué está hecho ese surgir de palomas? Ah, si pudiéramos responder, sabríamos de qué trata la espada. En la primera estrofa, ya lo vimos, lo asediado no era solo como lo sugerido, tenía de lo sugerido algo. Nada más natural por tanto que ahora pregunte no qué es, sino de qué está hecho, la substancialidad, de ese surgir de palomas.

Y ese surgir de palomas, ya no está encima, como el aleteo inmenso lo estaba, ahora existe, está, entre la noche y el tiempo, que vale tanto por lo encima, como territorio de lo terrible, de lo sagrado, pues, está entre lo oscuro y lo profundo, es decir, en lo inmenso, lo no conmensurable. ¡Es como si no hubiéramos avanzado nada! La noche, lo oscuro; el tiempo, lo profundo, la sumergida lentitud. (‘Galope muerto’ es un poema que no deja cabo suelto, que no dice nada por decir, tremendamente auto referente: lleno de intratextualidades).

Y agrega la pregunta, que ese surgir de palomas es como una barranca húmeda. Como vida surgiendo, que es como la vida ya surgida, y, obvio, ambas la ya surgida y la surgiendo están entre la noche y el tiempo, en lo oscuro y lo profundo: nada muy distinto de esos mares poblándose en la sumergida lentitud, en lo informe. Pero hay una interpretación textual más adecuada, la veremos más adelante.

Lo que se agregó de modo explícito es que ahora, como voz oracular, se nos pregunta de qué está hecho aquello. Bueno eso ya también lo sabemos: está hecho de un sonido luminoso. Y esto lo sabemos desde las primeras dos estrofas de ‘Galope muerto’, en especial desde la segunda. (Y además porque un surgir de paloma, en la base de la imagen, es un sonido luminoso, y es un aleteo inmenso encima, a menos que uno sea una de las palomas que surgen).

La pregunta oracular está realizada con significados que ya conocíamos, y con imágenes, otra vez, tomadas de los campos del sur de Chile: surgir de palomas, (aleteo inmenso), luz y sonido; barranca húmeda: lo verde y lo oscuro, lo seco y lo húmedo; tierra y agua, luz y sonido, y aire, y fuego en luz: todo el ámbito abarcado), y lo lleno de vida, otra vez luz y sonido. Pero todas imágenes tomadas de los valles del sur de Chile, tal vez de la cordillera de la costa. (En lo que va, definitivamente, el mundo residenciario es templado y mediterráneo).

En mi infancia en Vilches, en la cordillera de los Andes, en sus faldeos, había palomares. Y era un surgir de palomas, y era un aleteo inmenso encima cuando surgían o cuando volvían al alero. Y había barrancas húmedas en la cordillera de Nahuelbuta.

Con esas imágenes concretas se han construido las imágenes de la pregunta oracular. Y, como siempre, en contenidos formados de acuerdo a la forma estructurante de oposiciones dinámicas.

Y a la verdad es que la respuesta ya la conocemos: pero son un enigma: signos y más signos con carácter simbólico. Bueno, eso es lo que pasa con los oráculos. Pero el hablante residenciario se ha sacado el primer pillo.

Hay algunos analistas por ahí, que refieren esa pregunta: ¿de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?, como una pregunta que el hablante residenciario se realiza a sí mismo.

Al parecer, no han tomado nota que ya el hablante residenciario se dio por superado cuando refirió su corazón, como un corazón pálido incapaz de abarcar.

Si fuera una pregunta hecha a sí mismo no sería más que una pregunta retórica, descartable, sin utilidad: un mero alargar el poema. La pregunta de un débil mental, o de un poeta carente de oficio, dado a las meras preciosidades.

El mismo ya no puede esperar de sí mismo una respuesta que aporte algo sustantivo. Y un buen poema, no es una pura palabrería sonante. Si llegara a encontrar una respuesta sustantiva, él, y la comunicara, entonces la tercera estrofa está mal escrita. Debe escribirla de nuevo. Pero es lo que está escrito. Tiene un corazón pálido! No hay vuelta atrás.

Por tanto la pregunta no se la dirige a sí mismo. Ya lo sabemos: la dirige a nosotros, a los indefensos, y es realizada por el hablante en su piel oracular. En fin, no es más que otra muestra del descuido con que ‘Galope muerto’ ha sido leído ese siquiera insinuar que tal vez se la auto dirigió el hablante a sí mismo.


La primera afirmación oracular fue, y ciertamente a modo de ayuda para responder la pregunta: este al parecer es un oráculo amistoso: Ese sonido ya tan largo, (Sí: ya tan largo. Viejo amigo nuestro que viene sonando desde la primera estrofa como una de las colas, uno de los desprendidos, y continuó en los cuernos que querían sonar, y culminó, en ese aleteo inmenso encima, recién transformado en el surgir de palomas que ya sabemos que está hecho de sonido luminoso), que cae listando de piedras los caminos.

Lo que agrega, por tanto, la primera afirmación, es que lo hasta ahora innominado, nuestra espada, lo misterioso y terrible, es algo que cae, (obvio que debe caer, pues, radica en lo alto), listando de piedras los caminos. Esto es el primer avance positivo del oráculo: aquello de lo que se trata, eso misterioso, lista de piedras los caminos cuando cae, es decir, cuando sale de su ámbito, (de lo sagrado, de lo arriba), y viene a nosotros; y ciertamente que también a los caminos residenciarios; ya que nosotros hace rato que nos hemos hecho los seres residenciarios. Y si eso es lo que hace, listar de piedras los caminos, es tremendamente importante, significativo, buscado, por todo aquel que se ocupe de su vida, y de la vida en general.

Si lista de piedras los caminos, es que ese sonido luminoso, ya tan largo, se hace señales, piedras, y así los caminos quedan claros, luminosos, conocidos, para que sepamos por donde ir. Y las piedras son concreciones, materialidades, del efecto trascendente de lo que baja, de lo que cae. (Y tal vez lo contrario, en vez de claros, oscuros, en vez de amables, dificultosos: todo es posible, ya lo veremos también).

El oráculo nos indica la existencia del hecho pero, no nos dice ni su cómo, ni su cuándo, ni su resolución. El oráculo solo nos afirma un axioma de existencia, de posibilidad, pero no sus mecanismos. Los matemáticos saben de esto: saber que algo existe, en muy útil, y más útil el simplemente axiomarlo como existente, pero no es equivalente a saber cómo se resuelve, aquello que existe, cómo se lo logra, cómo se lo encuentra. Es como el axioma de existencia de una base. Nos asegura que es posible construir una, pero no nos dice cómo encontrarla, cómo construirla.

Bajo el axioma de existencia los matemáticos han logrado probar cosas que parecen descabelladas. Pero eso es otra materia. No volveré más sobre los matemáticos. Ya han ayudado bastante.

Algo es algo. Y los caminos que se listan son, no cabe la menor duda, los caminos donde cruzaban las campanadas en cruz. Por lo cual es forzoso decirlo, ese sonido ya tan largo no es la religión cristiana, ni son los números, ni lo denotado por abejas muertas.

Es otra cosa. Ahora sabemos que existe. Sabemos qué hace. Sabemos que está hecho de luz sonora, o de sonido luminoso, que se materializa en piedras que señalan. Sabemos que es importante para nuestras vidas, pero seguimos donde mismo: no sabemos qué es: Eso el oráculo no lo dice, pues no es papel del oráculo responder de manera llana: solo enuncia enigmas: entrega signos que son símbolos, mitos.

Segundo pillo que se saca el hablante residenciario. Ya está casi fuera del laberinto en que se había auto confinado.


La segunda afirmación del oráculo, se inicia con el conector, más bien. La voz oracular tiene las mismas costumbres que el hablante residenciario. No podía ser de otro modo, puesto que no es más que el mismo hablante después de haber cambiado de piel: haciéndose más oscuramente sabio, oracular.

Con más bien, el oráculo dice: ahora lo diré aún de mejor manera, pero seguiré en lo mismo: y nos explicita, que lo buscado se encuentra más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. (El tercer elemento: más signos-símbolos).

Ahora, bajo la forma oracular, aparece la tercera imagen guerrera: sin tregua. Sin duda que con algo está lidiando el hablante residenciario. Aquí en ‘Galope muerto’ esa incorporación de imágenes guerreras son símbolos de la lucha por desentrañar algo que los signos habituales del habla oscurecen: son símbolos de la lucha con el decir tradicional, tanto el religioso, como el poético. Todo en el nivel de la palabra, y al interior de ella.

Cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Y este decir está arrastrado a lo largo de dos versos. El oráculo también es medio subjetivo en mostrarnos el ritmo de su decir.

Aquí señalaré otra discrepancia, mía, con decires tradicionales, cuando se los interpreta como enmendados. Es decir, cuando a un decir tradicional, se lo interpreta de modo diferente a lo que tradicionalmente implica. (No es posible usar una imagen ya lexicalizada y pretender que no dice lo que dice la imagen lexicalizada; se pueden hacer ironías, pero no cambiarle el significado, a menos que se pretenda intencionalmente fracasar).

Se ha interpretado este decir, como refiriendo a momentos llenos de dicha que se extienden sin tregua. No se lo debe pensar así. No es posible de ser aceptado como correcto. El hablante residenciario en ‘Galope muerto’, ha hecho mucho uso de metáforas lexicalizadas, como para que ahora le esté invirtiendo el sentido, a otra que también lo es: eso es hacer trampa, y además fracasar por ingenuo.

Todos sabemos que un año de dicha y felicidad pasa volando. Y un minuto de dolor no termina nunca. Y que quien espera, desespera. Esto está así fijado en la sabiduría popular; y en la culta: “Un solo verano de felicidad”.

Es por eso que corazón pálido significa, intuición débil: eso lo sabe todo el mundo, no es una metáfora que aquí haya sido creada, el hablante la tomó hecha, y simplemente la usó.

Si una sola hora crece y se extiende sin tregua, ésa, no cabe dudas, es la hora del dolor: la hora de las tormentas, de las lágrimas saliendo apenas, de las acciones negras descubiertas de repente como hielos. No puede ser de otro modo. Esas son horas que no dan tregua, que afligen, que agobian. Es una hora guerrera.

Las horas de dicha y felicidad se esfuman sin rastro. ¿A qué se debe esta inversión indebida, que mal lee, otra vez ‘Galope muerto’? A veces es simple descuido. No demasiado interés. Si el texto fuera surrealista, en realidad no vale mucho la pena tratar de entenderlo. Da lo mismo, lo uno que su opuesto, lo que se pretende describir es lo irracional y debe hacérselo de un modo a-racional.

(Es cierto que hora, no está calificada, y por lo tanto en latencia, se puede derivar también, lo feliz: pero esa derivación es secundaria. Existiría también, sí, pero subordinada al momento principal, el del dolor).

Otras veces, lo he notado, como producto de la ansiedad de una cierta idea preconcebida, ansiedad de encontrar la idea preconcebida como existente en el poema, con lo cual meramente se infunde desde afuera algo que no existe adentro, con la ansiedad de que ‘Galope muerto’ debe conducir finalmente al Amor. No al amor. Sí, al Amor, con mayúscula. Como si ‘Galope muerto’ fuera un poema Feuerbachiano, y su poética una nueva Religión, y su contenido: El Tao, lo Innominado, el Amor, y entonces lo oculto y lo referido, sería el Amor, con mayúscula.

Para no imposibilitar aquello, esa hora de dolor que se extiende sin tregua, se ha, donosamente, transformado, en tiempo de Amor. No lo podemos aceptar por muy loable que sea el propósito, de proporcionarnos una religión del amor. (En ese caso prefiero imaginar que el hablante residenciario prefiera la del Dios Verdadero).

Bueno, lo lamento mucho: Así no es. No puede ser. No y no, otra vez.

El Oráculo dice: lo que buscáis, lo que tenéis en la espada, lista de piedras los caminos, pero, ojo, también, a veces, produce dolor sin tregua. Lo cual es muy cierto, porque la vida tiene a veces acciones negras que descubrimos de repente como hielos. Porque la vida es también muerte. La del buey, la de seres queridos, la tuya también: guardabajo con la muerte.

(El análisis de detalle de la oposición de las dos afirmaciones oraculares, después de la pregunta oracular, (4 versos), lo dejó igualmente para su presentación hacia el final. Se probará que por razones de contenido formado de acuerdo a las formas estructurantes que se usan, la segunda afirmación oracular, refiere a la muerte y sólo a la muerte; (la muerte al interior de la vida); ni siquiera al placer, mucho menos al amor, y para nada al Amor con mayúscula).

Tercer pillo que se sacó el hablante residenciario. Su transformación en voz oracular lo extrajo del laberinto. Ha triunfado fracasando puesto que mañosamente, se las ingenió, para no dar la oreja, como si la estuviera dando. Pero lo que el hablante oracular nos entregó: son puros signos, y ¿entonces, quién los descifra, quién los lee, quién asegura que cualquiera respuesta sea la correcta?

No hay fracaso en la poetización. Hay una genial y nueva manera de poetizar. Somos los lectores residenciarios los que ahora tenemos la espada en nuestro poder, y si fracasamos, es responsabilidad nuestra que no la sepamos usar.

Por mi parte, siento haber cumplido mi misión de precisar, qué es lo que el Oráculo dijo. Pero no me siento uno de sus sacerdotes. No al menos por el momento.

Hemos llegado al final del análisis de la cuarta estrofa. Hemos llegado al cierre del telón de ‘Galope muerto’. Solo falta su acto final. Cinco versos de la estrofa coda, y se acabó.



El escuchador-hablante sabio:                                      (Quinta estrofa, y final)

Para enunciar el final, el hablante residenciario cambia otra vez de piel. Ya no será un hablante oracular, ni uno subjetivo, ni uno narrativo. Se aparecerá como un escuchador-hablante sabio, obvio que otra vez oscuramente sabio, pero representante de otros, y dirá, con una nueva sintaxis:

Unquote

El análisis textual nos ha ayudado a saber, a desentrañar qué verdaderamente dicen las palabras usadas. Y por tanto, también a rechazar algunas de las interpretaciones no adecuadas que se ha pretendido leer en ellas.

La estrofa no ha hecho más que repetir lo ya dicho por las tres primeras estancias, no ha sido más que una genial intratextualidad poética para con ellas:

La vida, el momento integrador, y la desintegración no son más que partes complementarias de un mismo proceso, son galope y muerto, y en particular, en la vida conciente la vida y la muerte son momentos antitéticos complementarios: y aquello es parte del enigma sagrado de la vida: la vida también conlleva la muerte de la conciencia, la muerte de aquellos seres que logran, precisamente porque son concientes, descifrar el misterio de la vida, y por tanto lo único que ellos tienen es el camino de su vida que inevitablemente conducirá a la muerte.

Podemos, ahora, parafrasear de modo adecuado la estrofa en las respuestas implícita, no explicitadas en ella:

¿De qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo como una barranca húmeda?: De un sonido luminoso.

De un sonido desprendido ya aparte del metal, mudo como las lilas alrededor del convento, que quiere sonar en los cuernos de ese buey muriendo, y que es ese aleteo inmenso encima como abejas muertas o números…

Pero si la misma estrofa lo explicita: <ese sonido ya tan largo>!!!

Como el análisis tradicional realizado hasta ahora, lee un poquito por aquí, otro poquito por allá, y después da saltos mortales… ha sido incapaz de leer algo tan obvio que está en la superficie misma de ‘Galope muerto’.

Es adecuadamente calificado como un sonido YA TAN LARGO… al interior del propio poema: viene sonando desde la primera estrofa, continuó en la segunda y se desplegó en la tercera. En la cuarta estrofa no ha hecho más que reexplicitarse como enigma oracular.

Hay poetas que repiten las palabras textuales o apenas variadas: el joven Neruda, repetía los contenidos en palabras variadas lo suficiente como para despistar a los incautos, a los INDEFENSOS.

Y ha sonado, ese sonido ya tan largo, como campanadas en COMO cenizas, COMO mares … COMO se oyen… TAN rápido, TAN viviente… COMO las puntadas … de DÓNDE … por DÓNDE … en QUÉ orilla … COMO las lilas … COMO aleteo … COMO abejas … COMO con una espada.

Tan ocupado los analistas en dar saltos que no lo han escuchado. ‘Galope muerto’ es un poema donde las sonoridades de él refuerzan los contenidos formados, y provienen de estos.

Y además ha sido un SONIDO silbante: de allí que la mayoría, cuando posible, de las palabras importantes estén en plural, y muchas incorporen el reflexivo “se”, o desplieguen el sonido de la “ese” en el habla latinoamericana: cenizas, mares, poblándose, sumergida, se oyen, desde, los caminos, cruzar, caminos, en cruz, sonido, confuso, pesando, haciéndose, mismo, formas, demasiado, lejos, recordadas, vistas, ciruelas, verdes. En la primera estrofa todas las anteriores, el sonido silbante de la serpiente.

Dejo a cada lector las palabras que incorporan el mismo sonido en las siguientes estrofas. Ya tienen una explicación sonora de esas palabras, y su necesidad interna para un poema que centra la simbología más importante de él, en un sonido ya tan largo.

CAMPANAS Y SISEOS: para ayudar a los INDEFENSOS… al parecer estos se han visto abrumados.

Constaten los lectores las sonoridades en “i” a lo largo de todo el poema, y pueden completar toda la base sonora de ‘Galope muerto’, su SONIDO, ya TAN largo.

¿Y qué indica ese sonido ya tan largo? Muestra la vida, ese aleteo inmenso encima, ese surgir de palomas, que cae listando de piedras los caminos, señalando los caminos de la vida, que incorpora la muerte, como abejas muertas, esa hora que crece de improviso extendiéndose sin tregua… porque la muerte no es un instante… así como la vida no es un instante: van juntas. Por tanto con enorme madurez emocional el hablante oracular la refiere a partir de una hora que se extiende sin tregua a lo largo de toda la vida pero que sólo de pronto, de repente, se inicia y crece de improviso: a partir del momento en que el ser humano individual toma conciencia que va a morir: esa es la hora que crece de improviso y se extiende sin tregua.

No hay palabra, ni expresión usada al azar en ‘Galope muerto’.

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Estos análisis textuales no se han entregado en el orden del libro que sigue sin publicar. Se han adelantado entregas que han referido otros elementos incorporados en estas estrofas. El lector que haya seguido esas otras entregas, ya sabe de la enorme cantidad de intertextualidades que hacen referencia a Nietzsche y su “Así habló Zaratustra” como, por ejemplo, en el orden espacial de la expresión: surgir de PALOMAS que hay entre la Noche y el TIEMPO, o, en la expresión misma “ese surgir de palomas”, que no es más que la concreción de ese aleteo inmenso encima. (Y otras intertextualidades contenidas para con el mismo libro citado, pero incorporadas en las estrofas primera, segunda y tercera).

La expresión: “esa hora que crece de improviso extendiéndose sin tregua” y que refiere sin lugar a dudas a la muerte, es otra intertextualidad, pero esta vez una en homenaje a un poeta chileno amigo del joven Neruda, viene de un poema de ese amigo. Lo dejo sin explicitar, solo indicado. Para que la busquen.

Y el que ese surgir de palomas esté entre la noche y el tiempo contiene otra de esas intertextualidades, esta vez para con un texto de otro joven poeta de esos tiempos: el propio joven Neruda. Búsquenla también.

En alguna próxima entrega, lo explicitaré.

Pero la siguiente, publicación en el blog, será el análisis textual de la quinta estrofa y final del poema.

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En esta entrega han encontrado el análisis textual de la cuarta estrofa. Adicionalmente se ha hecho una referencia somera a la sonoridad que recorre el poema. Aquello merecería un artículo detallado. Se ha señalado, pero no explicitado, la existencia de dos intertextualidades adicionales contenidas en ‘Galope muerto’, en la cuarta estrofa. Y se ha insistido en algo ya conocido desde las entregas anteriores: el poema es completamente autorreferente por medio del desarrollo de las intratextualidades de sentido y sonoridad con que el joven Neruda lo desarrolló.

Causa extrañeza que alguien lo pueda haber considerado un poema sin forma, delírico, de asociaciones libres, sin simbología, referente de modo directo a una materialidad externa. Sí, causa mucha extrañeza.

Fernando Reyes Franzani
Santiago de Chile, 11 de Octubre de 2011






como una barranca húmeda



sábado, 1 de octubre de 2011

Consideraciones desde la tercera estrofa de ‘Galope muerto’ de Pablo Neruda.

"...como con una espada entre indefensos."






CONSIDERACIONES DESDE LA TERCERA ESTROFA DE GALOPE MUERTO.



por fernando reyes franzani




A mitad de camino: algunas consideraciones metodológicas, pero no sistematizadas… que en este momento la sistematización no sería más que pedantería y papel picado.


Decía en comentarios en Face Book:



Es buenísimo interesarse en “Residencia en la tierra”, y en la influencia hasta ahora ignorada de Nietzsche en el Joven Neruda. Lo que sorprende es que no haya sido venteada o descubierta antes.

La próxima entrada será para redondear el análisis de la primera estrofa de ‘Galope muerto’: mostrar su base sonora, mostrar su simbología tanto universal como privada y magnífica, irónica y sutil del Joven Neruda: Miren:

Fuego en la ceniza, agua en los mares poblándose, aire en ese pasar las campanadas en cruz (esta disposición es genial: irónica y mordaz), y tierra en esas ciruelas rodando a tierra. Todo el ámbito de la naturaleza incluido, de modo simbólico, en una estrofa: y la sociedad humana adentro. Pero hay topos: esos viven en sus cavernas dedicados a las lombrices. Y además: en esa estrofa... ya como mucho: dos textualidades desde Nietzsche... Dos en esos pocos versos: esos que comienzan con “Como cenizas”... y terminan... “infinitamente verdes”.

De “Así habló Zaratustra” provienen esas dos intertextualidades: el “molino de las formas”, y lo “infinitamente verdes” de esas ciruelas que rodando a tierra se pudren y permacen verdes porque ese es el proceso natural de la vida orgánica en la naturaleza. En el Zaratustra, refieren a esos doctos a los cuales se les da algo nuevo pero lo muelen en sus molinos y lo reducen a polvo despreciable; y, esos sepulcros de los cuales se extrae lo verde de la vida: el joven Neruda torció los significados concretos específicos del Zaratustra, y los universalizó: Neruda, el joven Neruda, no se andaba con chicas, ni privatizaba sus imágenes símbolos en “Residencia en la tierra”, por el contrario, las generalizaba en su máxima expresión: más allá de su vida y experiencia concreta y más allá de la textualidad como encontrada en Zaratustra. Un caso de verdadera genialidad en el uso de la ligazón de texturas para conectar con la literatura universal.

Con seguridad Neruda no conocía por esa época, 1925-1926 las teorías importantes de T. S. Eliot al respecto… pero es como si las hubiera estado siguiendo… en la práctica suya, de joven genio poético, las re descubrió, las usó de modo conciente, y nos dio un ejemplo magnífico de cómo se escribe poesía nueva enraizada en la tradición universal de ella. No se descubre la pólvora una vez ya conocida: se le da nuevos usos, y hasta se desarrollan sustitutos aún más poderosos.

Interesados en Neruda y Residencia en la tierra:

‘Galope muerto’: En la primera estrofa: usa y despliega simbología tanto universal como privada y magnífica, irónica y sutil del joven Neruda: Miren: Fuego en la ceniza, agua en los mares poblándose, aire en ese cruzar las campanadas en cruz (esta disposición es genial: irónica y mordaz), y tierra en esas ciruelas rodando a tierra. Es bueno que se sepa y reflexione. Y se dé por definitivamente superada la interpretación canónica imperante: reduccionista, achatada, miope, y distorsionadora.

Cuando se trata de superar algo que no vale la pena: ya no sirve enmendar, poner muletas: es necesario dejar de lado y comenzar de nuevo. Este no es el caso de recuperar, por ejemplo, lo significativo y enorme y valioso de los clásicos en Economía Política: Smith y Ricardo, sino dejar de lado los pequeños y torpes: Bastiat y otros.

Y acabamos de ver, decía yo, en el momento adecuado: cómo la segunda estrofa es continuación de ese poema simbólico que es ‘Galope muerto’ desde su primera estancia. El joven Neruda tuvo extrema conciencia de lo que había hecho. Por eso expresó: “Galope muerto es lo más serio y perfecto que he hecho” (hasta el momento en que lo comunicó a Eandi).

En la primera estancia de ‘Galope muerto’ se inicia de inmediato esa costumbre del joven Neruda de usar el título del poema como elemento significativo de éste, casi como su primer verso, la antítesis contenida en la expresión <galope muerto>, ya descubierta y señalada, y mal desarrollada, por Bennett; mal aprovechada simplemente por haber permanecido bajo la influencia de la interpretación canónica.

Todo ‘Galope muerto’, como ya hemos visto, se desarrolla en detalles y en su estructura general bajo esa forma de oposiciones: lo vivo-lo muerto, lo dinámico-lo pasivo, lo natural-lo social, lo sonoro-lo mudo, lo activo-lo determinado, la esencia-la apariencia, lo visible-lo oculto, lo determinante-lo determinado. No queda más que abismarnos de la profundidad metodológica de la visión del joven Neruda en su poema base de “Residencia en la tierra”.

(Ya presentaremos una sección específica que sugerirá de dónde tomó el joven Neruda esta percepción de desarrollos en contrarios: por supuesto que viene de la filosofía griega y occidental en su base oculta… pero en lo específico, me parece, viene de lo que el joven Neruda debe, y es lo único que debe, a Schopenhauer: dos cosas: el modelo de esencia-apariencia: Voluntad-Representación, y… ese desarrollo en Dragón de Moebius que es ‘Galope muerto’. Esto lo adelanto aquí, pero no lo desarrollo.)

¿De qué ha dependido esta nueva aproximación a ‘Galope muerto’?: de la confluencia afortunada de tres hechos:

La convicción metodológica de que con cierta poesía no valen esas aproximaciones de mirada a vuelo de pájaro: encontrar el fundamento, dar con lo significativo primario, lo innominado, o ubicar el hecho sicoanalítico que liga con el autor. Nada de eso: y por el contrario, iniciar el análisis dándose el trabajo lento pero seguro de realizar un análisis textual, palabra por palabra, verso por verso, poema por poema, respetando el hecho más importante descubierto y señalado por el análisis literario del siglo XX: el hablante no es el autor; y resulta que Neruda, al menos el joven Neruda, así lo decidió, más allá de sus propias percepciones.

El segundo hecho, casual, y afortunado: el haber constatado la enorme influencia directa y textual de Nietzsche, de “Así habló Zaratustra” sobre ‘Galope muerto’ y sobre toda la “Residencia en la tierra 1”. De la confluencia de esos dos momentos proviene toda esta nueva lectura. Que resultó ser contraria a la interpretación canónica.

Y el tercer hecho: Una profunda desazón con la interpretación oficial académica, en cualquiera de sus variantes, de ‘Galope muerto’ y de “Residencia en la tierra”, que no sabía argumentar… no sabía precisar… pero allí estaba. Eso indujo al análisis palabra por palabra, verso por verso, poema por poema… eso condujo al descubrimiento de la influencia de Nietzsche, eso finalmente concluyó en este nuevo abordamiento de “Residencia en la tierra” a partir de haber descubierto qué realmente dice ‘Galope muerto’.

El principio metodológico concreto de este análisis provino de “Humano, demasiado humano”: y parafraseo: <un analista literario debe abocarse a lo que dice un texto.> Eso es lo primero, después vendrá lo demás.

Los seres humanos tenemos horror de la nada, de la muerte, porque somos los únicos que tenemos conciencia anticipada de ese destino. Y nos parece que la nada es el vacío, como primera y no del todo adecuada aproximación: y entonces rellenamos el vacío con cualquiera primera idea que se nos viene a la cabeza, y cuando la conexión no es directa, hasta aquello es necesario y adecuado a la sobrevivencia de la especie; da esperanzas… y estas son extraordinariamente eficaces aunque sean infundadas… de allí, a desarrollar teorías completas sobre materiales fragmentarios: hay un paso: todo: menos la nada.

A veces se adopta, muy sabiamente, una aproximación que pareciera más adecuada: pero aún así no del todo concluyente: cuando no se sabe, en vez de aceptarlo, se concluye: lo abordado en incognoscible.

Y se ha dicho: “Residencia en la tierra”, ‘Galope muerto’: no tienen un todo fundante que se pueda desentrañar. Aquello también es falso. El problema fue la aproximación inadecuada a ese todo.

Obtenida una aproximación adecuada, no es que ya por eso nos hayamos apropiado de ese ente… pero estamos en condiciones de profundizarlo, de rechazar la incognoscibilidad de ese material, como actitud metodológica. Hay que ser humildes pero no extremistas en ocultar nuestra ignorancia. Ese extremismo no es más que nihilismo encubierto.

Por eso se debe también rechazar, y ya con argumentos concretos desde el propio ‘Galope muerto’, que no repetiré aquí, pues ya están expuestos en otros apartados, que la concepción del hablante de ese poema sea que la vida no es más que muerte en presente continuo, destrucción activa y caos.

Eso no fue más que leer en ‘Galope muerto’ la concepción propia de un creyente deísta, y más aún, de uno creyente en un Dios personal y revelado: un ateo no encuentra sentido a la vida.

Un ateo no encuentra sentido trascendente a la vida en sí, dado desde una divinidad: el sentido de la vida para un no creyente está en la vida misma, y en lo que de ella hagamos de modo práctico y construyamos en ella, pues, la vida: es lo único que se tiene durante el tiempo que nos toca en vivirla. (Para el hablante ateo de Galope muerto darle sentido a la vida desde un Dios revelado, no es más que darla desde la propia imaginación en palabras de la humanidad: desde el Molino de las formas. Esa es la posición frente a la trascendencia del hablante de ‘Galope muerto’. Pero esto ya es adelantarnos un tanto, y faltan aún exponer lecturas textuales de la cuarta y quinta estrofa que lo prueban. (En cualquier caso: esa posición es idéntica a la de Zaratustra en “Así habló Zaratustra”).

Un defecto no menor de todos los análisis tradicionales se funda en la absoluta creencia práctica de: no hay diferencia entre Neruda y el hablante de ‘Galope muerto’ y de “Residencia en la tierra”.

Es increíble a las comicidades y desvaríos a los que se puede llegar si se parte de aquello, de que Neruda y el hablante en ‘Galope muerto’ y en “Residencia en la tierra” son uno y la misma cosa. No es que los expertos no conozcan de esa diferencia, pero brilla por su ausencia el caso práctico que hacen de ese conocimiento.

Aún si un autor de textos poéticos no tuviera conciencia de aquello, o aún teniéndola, hace uso de esa falsa igualdad para fines personales durante su vida, un analista literario debiera mantener las diferencias insalvables entre autor y hablante, a menos que de modo ingenuo se deje atrapar, o intencionalmente lo haga para sus propios fines.

Un buen constructor de poesía sólo de su experiencia toma sus materiales… pero la gente olvida que la experiencia de un poeta, y de todos, se funda no solo en sus amores y otras cosas directamente vividas con sus semejantes en su entorno, i.e. sus esperanzas, frustraciones, caídas, constataciones, entorno familiar, niñez, alegrías, logros, amistades, enemigos, sinsabores, soledad, maduración, esperanzas y fracasos; también y en grande manera: de sus lecturas, conversaciones, pensamientos, ideas, EXPERIENCIA DEL LENGUAJE, y visión de mundo que se forma con esfuerzo y tenacidad, o simplemente hereda, ya que de ahí viene la experiencia con los otros, los no conocidos de modo directo.

Es a partir de esa su totalidad que el poeta toma sus materiales. El poeta no inventa, imagina recreando en palabras lo que su experiencia ha sido, y si logra universalizar aquella experiencia tiene posibilidad de escribir algo que atrape lo poético, o fracasa.

La tercera estrofa de ‘Galope muerto’ nos da un ejemplo paradigmático de la diferencia entre autor y hablante, que solo pudo provenir de la extrema conciencia que el joven Neruda tuvo de ello:

Neruda es el demiurgo en ese poema, es el autor. Ese es un poema no surrealista, no caótico, no hecho de asociaciones libres, no delírico. Por el contrario es un poema extremadamente bien construido en su metafísica, sobre la visión de mundo que se le infusionó al hablante.

Y sin embargo al hablante Neruda le hace decir que él, el hablante, tiene un corazón pálido que lo hace incapaz de entender el signo recibido:

“entonces, como aleteo inmenso, encima,
como abejas muertas o números,
ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar,

…, para mí que entro cantando
como con una espada entre indefensos.”

Al hablante, Neruda, lo hace declararse impotente: incapaz de entender el tema en desarrollo. Por supuesto que Neruda, el joven Neruda, lo sabe todo. ¡Pero si él es el autor del poema!

Para el desarrollo del poema es esencial que el hablante se declare incapaz, pues, de ninguna otra manera, puede entonces transferir la espada a los indefensos… es decir, a los lectores residenciarios.

Esa es una magistral cadencia del poema para incorporar al interior de él a los lectores que deben completar el poema haciéndolo vivir, para que deje de ser un galope muerto, un puro conjunto de palabras inertes en un papel inerte, y lo activen como a un galope vivo.

Neruda declarándose incapaz? NO. El hablante es el incapaz.

Vienen después cierto analistas y hacen caso omiso de lo que se dijo en el poema, y además: confunden Autor con Hablante, y no pueden aceptar algo no dicho, que sólo está en sus cabezas: No, Neruda no es incapaz, Neruda es un poeta: para él es la tarea de descifrar… Miren la posición desmedrada en que se ponen… no leen lo textual… y toman partido arbitrario por un Neruda que jamás ha dicho que él no sea capaz de entender el asunto: Él era el autor!!!!

Lo sabía todo… lo manipuló todo.

Pero resulta que para el poema es básico que el hablante se declare incapaz….si no lo hace, el hablante, si el hablante no se declara incapaz en ese momento específico: todo el poema se viene al suelo, y toda la “Residencia en la tierra 1”: también.

Lo que ocurre es la incapacidad de entender lo textual… porque no se lo ha leído: no más que un verso por aquí, otro por allá, y listo vamos sacando una teoría completa como Atenea de la cabeza de Zeus.

Y además se leen los poemas de “Residencia en la tierra”, como si fueran papas al interior de un saco de patatas. Y no logran ver la gigantesca cantidad de intratextualidades con que Neruda, el genio de Neruda, hilvanó no un libro de poemas, sino un solo poema en muchas entregas a lo largo de 10 años.

Me abismo de lo gigante del poder poético de Neruda a lo largo de esos 10 años: no solo hizo ese libro con esos poemas: además dejó fuera 3 o 4 que no calzaban, y corrigió los poemas para que se ajustaran a esa estructura única, fundante, compleja que recorre toda la “Residencia en la tierra”, la 1 y la 2, se basa en los poemas y les da sentido y función a cada uno de ellos: si hasta escribió varios exclusivamente extraídos de la necesidad de estructuración y desarrollo del libro!!! Pero esto ya fue adelantarnos demasiado.

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Voy a acelerar las entregas:

La próxima será el análisis de la estrofa 4. La siguiente: la estrofa 5 y final. Después habrá una sobre la estructura de ‘Galope muerto’ y temas derivados de aquello. (No continuaré con entregas posibles sobre cada uno de los aspectos de ‘Galope muerto’ y detalles). Y adelantaré la entrega, será la cuarta siguiente: sobre la estructura de Residencia en la tierra 1.

Tal vez insertaré una entrega sobre el análisis textual de los versos antitéticos pareados de la cuarta estrofa en su tabla de análisis.

Santiago de Chile, 01 de Octubre de 2011
Fernando Reyes Franzani



El autor de Galope Muerto




viernes, 30 de septiembre de 2011

“como abejas muertas o números,”. Tercera estrofa de ‘Galope muerto’, tercer verso. por fernando reyes franzani





Análisis de “como abejas muertas o números,”. Tercer verso de tercera estrofa de ‘Galope muerto’ de Pablo Neruda.




El verso más críptico de ‘Galope muerto’: “como abejas muertas o números”.





Análisis del verso “como abejas muertas o números”, por Fernando Reyes Franzani.


Esta entrada se la prometió cuando se presentó el análisis de la tercera estrofa de ‘Galope muerto’. Ya ha transcurrido casi un mes y medio de esa entrada inmediata anterior en el blog. La demora se debe a razones externas… algo estuvo desarrollándose en mi país, y lo sigue estando, pero ya no con esa misma urgencia, que desvió mi atención hacia esos hechos y me dejó sin tiempo disponible.





Neruda y el hablante en ‘Galope muerto’.


(La resolución de un problema de lógica poética).

 Las interrelaciones entre Neruda, y el hablante residenciario:



El problema a resolver, presentado, de modo lineal en dos versos es el siguiente:

La respuesta conocida del joven Neruda:



entonces,     como            aleteo                   inmenso , encima,
o                  como     abejas muertas   o       números,


Lo mismo presentado como incógnitas aún no resueltas:

entonces,     como            aleteo                   inmenso , encima,
o                  como                ?             o             ?               ?



El primer verso es la respuesta que recibe el hablante cuando deteniéndose en lo inmóvil, percibe:

y entonces recibe la respuesta, o más bien el símbolo de la respuesta:
“como aleteo inmenso, encima,”



Este verso que contiene el símbolo recibido en respuesta es tanto una intratextualidad, como una intertextualidad. Es lo primero por cuanto es una reconfiguración del sonido luminoso ya tan largo que ha venido desarrollándose en las dos primeras estrofas; por supuesto que hubo que ser un poeta con las capacidades del joven Neruda, para hacerlo de modo magistral: reconfigura y vuelve a presentar, el sonido de:

“o como se oyen desde el alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya aparte del metal,”

pero ya no como sonido oído, sino como símbolo recibido en respuesta a la escucha: “aleteo inmenso, encima,”; aleteo porque es sonoro, y encima, porque viene del espacio de lo sagrado; aquello que solo se percibe en la escucha de los santos.

Y como se detuvo en lo “inmóvil” ese aleteo inmenso encima, sonoro, contiene igualmente esos “cuernos que quieren sonar” o más bien lo simbolizado por ellos y su querer sonar.

Pero es un sonido callado… no explicitado, no es como el sonido de ese aleteo inmenso encima, es simplemente como aleteo inmenso, encima, por eso que necesita de ser callado, por alrededor, tan mudo como las lilas alrededor del convento; y por tanto como inmóvil aleteo, incorpora en lo visual, lo luminoso, o no lo vemos, o no está encima, en lo sagrado, y por supuesto que es un sonido luminoso inmenso muy aparte del metal. Y como es mudo: es obvio que el hablante no lo podrá interpretar, no lo podrá abarcar.

No sólo ‘Galope muerto’, sino toda la “Residencia en la tierra 1” está poblada de intratextualidades, que si no se las descubre se mal entiende lo que dicen los textos. De allí la ineludible exigencia de un análisis textual previo, palabra por palabra, verso por verso, antes de aventurarse en conclusiones generalizadoras de los poemas individuales y aún menos del conjunto de la obra.

Vemos como el joven Neruda, está desarrollando en imágenes extraordinarias en lo poético, de un modo marcadamente racional y lógico su poema. Nada de delirios, nada de imágenes en palabras al azar, nada de oniricismos: nada de lo propiamente surrealista.

Y la intertextualidad, viene, ya lo saben, por entrada anterior a este mismo blog, de Nietzsche, de “Así habló Zaratustra” en su final: es parte del mismo signo que esperaba Zaratustra y recibió para sentirse autorizado a llevar a cabo su misión:

Es EL SIGNO que recibió Zaratustra en el acápite final titulado, <EL SIGNO>:

“Mas entonces ocurrió que, de repente, se sintió como rodeado por bandadas y revoloteos de innumerables pájaros.” ¡Ese fue un aleteo inmenso, encima,! y el joven Neruda, intertextualizó: “como aleteo inmenso, encima”…

Y poco más adelante somos informados en el texto del Zaratustra que esos pájaros son ¡PALOMAS! y que ya Zaratustra se había dado cuenta que eran parte del signo: “¡<El signo llega!> se dijo Zaratustra”…

[Hay una quinta interpretación posible de TODO ‘Galope muerto’ como una intertextualidad del “Así habló Zaratustra”]: el libro fundamental y más poético del con olor a membrillos. Que debiera desarrollarse en texto aparte].

[Vuelvo a decirlo, los analistas de Residencia en la tierra 1, harían muy bien en leer en detalle el “Así habló Zaratustra”… pero deben, al igual, darse el trabajo de un análisis textual, párrafo por párrafo, y no una de esas miradas a vuelo de pájaro a las cuales nos tienen mal acostumbrados].

¿Por qué el joven Neruda no se detuvo simplemente allí, en ese verso ya genial, y agregó a este ese otro de “como abejas muertas o números”?

Porque la estancia tercera bien pudo malamente haber sido, en su parte inicial:

“Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir,
entonces, como aleteo inmenso, encima,
ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar,
en multitudes, en lágrimas saliendo apenas,...”

Y estoy absolutamente seguro que ningún “analista” hubiera echado de menos la ausencia de una línea versal allí necesaria!

(El poema no sigue una espacialización, ni es con estructura de rima, impuestas por la tradición, y por tanto no existe ninguna exigencia externa para el verso faltante. Y para los que han considerado a ‘Galope muerto’ como un poema sin forma y surrealista, ese verso bien pudiera ser dejado de lado, o simplemente entenderlo como un oniricismo delírico adicional a los muchos que han creído encontrar).

El verso adicional fue una exigencia ineludible que el propio Neruda se dio al titular el poema, ‘GALOPE MUERTO’.

Toda la construcción del poema sigue esa exigencia de desarrollo en oposiciones entre <lo galope>, (lo activo, lo dinámico, lo vivo, lo leído) y <lo muerto>, (lo pasivo, lo estático, lo muerto, lo no leído). Y también: lo humano social, lo natural; lo sagrado, lo profano. Y esta es una exigencia no simplemente al interior de algunas imágenes, sino una exigencia paralelística entre líneas versales, y entre partes de estrofas: así lo desarrolló el joven Neruda. (Esto va mucho más allá de lo que percibió y explicitó: en “Estructuras antitéticas en <Galope Muerto> de Pablo Neruda”: John M. Bennett, (Ohio State University), Revista Hispánica Moderna. Columbia University Hispanic Studies XXXVIII 1974-1975 N°3, pág. 103-114. Pero bueno es rendir homenaje a su análisis serio y de detalle, desafortunadamente influido en otras materias por el análisis canónico imperante).

El verso: “como aleteo inmenso, encima” está plena y exclusivamente del lado de <lo galope>. Faltaba su opuesto del lado de <lo muerto>, para que el conjunto de esos dos versos se rigiera por la oposición implícita en GALOPE MUERTO.

Encontrar, producir ese verso fue resolver un problema de lógica poética residenciaria, nerudiana:

entonces,     como            aleteo                   inmenso , encima,
o                  como                 ?             o            ?               ?

Debe haber no sólo una oposición entre los dos versos, sino además, una oposición término a término, entre sus componentes.

Arriba lo galope, lo dinámico en la naturaleza (lo originario), lo inconmensurable (lo humano derivado) y lo sagrado.

Abajo debe estar lo muerto, lo inerte en la naturaleza, lo humano que no pueda conmensurar, y lo terreno (opuesto a lo sagrado, abajo).

Esas son las condiciones del problema que el joven Neruda se debe haber planteado y resolvió.

Nota: el planteamiento del problema y su respuesta no logré atraparlo hasta que no formé la tabla que presentaré a continuación:

Supongamos que Neruda no ha resuelto ya los versos, pero su mente funciona casi como si espontáneamente contuviera la estructura lógica formante que se muestra abajo, donde el problema es resolver los momentos (1)?, (2)?, y, (3)?:











La imaginación poética estructurante y estructuradora.


Neruda se plantea y resuelve el problema del verso más críptico.



Los operadores
Del lado de la naturaleza
Del lado de lo lógico
Del lado de lo Humano simbólico
En el espacio de lo sagrado


Conversando con el lector
entonces,






Del lado de lo Galope, el resultado de la escucha, el signo
como
aleteo

inmenso,
encima, /


Del lado de lo Muerto, el signo
como
(1)?
o
(2)?
(3)? /


Conversando con el lector
ay,






Galope



lo que mi corazón



Muerto



pálido
no puede abarcar, /


























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Si Neruda resolviera con una asociación libre, u otra onírica: sepa qué habría dicho el hablante lírico; pero con 100% de certeza destruye la totalidad del poema y la vuelve surrealista.

Su imaginación poética, formante de contenido, sabe las restricciones de cada momento:

(1)? en contenido debe estar en el plano de la naturaleza, (no de lo humano), y en el plano activo de la forma estructurante debe venir del lado de lo muerto.

2)? en contenido debe estar en el plano de lo humano estricto, y en el plano de la forma estructurante activa reside del lado de lo muerto.

(3)? su contenido se sitúa en el plano de lo sagrado, y por su forma debe radicar en el plano de lo muerto.

Si se respetan esas condiciones, el verso resultante será como si fuera la respuesta de un problema lógico poético estructural. (No es algo muy distinto de cómo investigan los físicos, que imaginan de modo físico geométrico, pero estructuran en matemáticas. El poeta siente-percibe-interpreta con su imaginación sensorial simbólica pero estructura en palabras, es decir, sintetiza en palabras).

Tal vez lo más sencillo, si eso fuera posible, es resolver (3)?. Lo opuesto a “encima” en el espacio de lo sagrado, es directamente “abajo”, pero su traducción, o formación según las exigencias de forma, es lo muerto, lo inmóvil, o mejor aún, lo vacío. Entonces el casillero (3)? que está abajo queda vacío, y hasta la palabra vacío debe desaparecerse. En conclusión, en (3)?, no se pone nada. (O se quita lo que se hubiera escrito de modo tentativo).

Resolver (2)?, tampoco, para alguien como Neruda, es demasiado difícil, pero harto complicado. Está en el cruce de lo humano simbólico, y muerto según la forma; y se opone a “inmenso”. Lo “inmenso” es algo que no se puede abarcar, no se puede medir, no se lo puede correlacionar, salvo por algo simbólico humano y que no se la pueda con lo “inmenso”, ya que debe representar la oposición: surge casi de modo exclusivo, auto impuesto, LOS NÚMEROS, construcciones lógicas humanas, (o descubrimientos, qué importa), que parecieran, y tienen, vida racional propia; y no se la pueden con lo inmenso. Sí se la pueden con lo infinito. Por eso el aleteo no es “aleteo infinito”, es “aleteo inmenso”. El verso colapsa a “como (1)? o números”. Porque los números referidos como palabra no son números, o mejor, son números muertos. (Con la palabra número no se puede hacer nada en matemáticas: esa palabra no es un número).

O mejor, el verso dice algo así como “como <algo de la naturaleza, que no sea humano, que tenga conciencia y lenguaje, y por tanto pueda morir, y esté muerto> o números”.

Ay, tiene demasiadas condiciones de forma y contenido a ser resueltas de una sola aventada y tengan solución única. Y ¿hay solución? Como se opone a “aleto”, lo rápido, debe ser lo “inmóvil” “lo muerto”, por tanto debe ser algo muerto.

El verso se restringe a “como <algo de la naturaleza que tenga lenguaje> muerto o números”. Y se fija la palabra “muerto” como adjetivo, que se la hará concordar con el sustantivo faltante, y se descarta que tenga “conciencia” a la vez que lenguaje, puesto que en tal caso, no hay solución. Y se llega de modo forzado a “abeja”, para alguien que una vez dijo que le gustaría dedicarse a la apicultura. Ah, pero debe ser en plural, de acuerdo a las exigencias de sonido.

Y se llega al verso más críptico: “Como abejas muertas o números”. Que a un desprevenido se le aparecerá casi necesariamente como una asociación libre, onírica en torno a la muerte, lo estático, lo simbólico, lo inmedible o tal vez lo medible, y cualquier otra cosa así, que dependerá de su propia imaginación estimulada.

Veamos la tabla resuelta:

(Y se deja avisado, que hacia el final, se presentará otra alternativa de explicación complementaria e igualmente válida). (Ese “final” es el libro desde el cual, estoy extractando… no sé si lo presentaré aquí. Probablemente no, ya que escapa al tema de este artículo).


Tabla resuelta de las abejas muertas o números.










La imaginación poética estructurante y estructuradora.


Neruda y el verso más críptico en "Galope Muerto".



Los operadores
Del lado de la naturaleza
Del lado de lo lógico
Del lado de lo Humano simbólico
En el espacio de lo sagrado


Conversando con el lector
entonces,






Del lado de lo Galope, el resultado de la escucha, el signo
como
aleteo

inmenso,
encima, /


Del lado de lo Muerto, el signo
como
abejas muertas
o
números, /



Conversando con el lector
ay,






Galope



lo que mi corazón



Muerto



pálido
no puede abarcar, /

























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[Estuve como un mes tratando de entender los por qué del verso, para lo cual usaba paréntesis y la lógica de los “y”, “o”, “si” “entonces”; al modo de “si, ((a y b) o c) y d; >> x”; y avancé bastante, por callejones para mí, sin salida, hasta que recordé las tablas lógicas que había usado en Londres, programando en RPL: “Rapid Programing Language”, que permite largos nombres en las variables y que son especies de matrices donde bajan por los tubos de las columnas y se seleccionan por los cedazos de las filas, y salen por algunos de los tubos y pueden ser enviados a otras tablas. (Y las tablas se acumulan como en sub rutinas aparte que son llamadas desde donde se quiera, y, lo principal, si después de un tiempo se vuelve a ellas, o la lógica debe ser corregida, entonces es sencillo entender y corregir la lógica). (Traten de hacer lo mismo en Basic, o Fortram, o Pascal, o Cobol, y ya verán el lío; al menos para uno como yo que tiene memoria de pollo)].

En definitiva, recordé las matrices, y lo fácil que es en “Excel” construir cuadros de doble entrada, y se fijó el análisis de modo que jamás me pareció posible antes de recordar la experiencia con el RPL.

Probablemente así lo hizo Neruda, obvio que sin estos cuadros de doble entrada: por algo que era poeta de genio, y dejó al hablante de ‘Galope muerto’ además refiriendo a lo esotérico, la numerología, el simbolismo de los números, esas otras interpretaciones de vida al margen de las religiones; y hasta le debe haber gustado que así fuera. Pero haber ido desde este contenido disperso último a los contenidos formados es algo dudoso. Y además, no hay ninguna seguridad de cómo es que Pablo Neruda llegó a esos versos magistrales. Pero ahí están, y es como si así lo hubiera hecho. (Una hipótesis plausible).

Y nos legó al hablante residenciario de ‘Galope muerto’, refiriendo al vacío de la muerte por medio de un silencio. (Haber dejado sin explicitar verbos en otros lados, referir lo calificado por su calificante, y otros juegos así, le debe haber parecido para nada exigente en su lectura. Referir la nada por medio de la nada, y jamás decirlo, requiere un inmenso temple de espíritu). (Sí, sigue a Nietzsche en “Humano, demasiado humano” y la necesidad de dejar las cosas incompletas, para que no se debiliten).

Nota: construir esas tablas me ayudó muchísimo a analizar la mayoría de los poemas de “Residencia en la tierra 1”. Si no las llego a visualizar como necesarias, de seguro que me hubiera dado por vencido. Ahora, para hablar de estos poemas, ya no son necesarias… pero antes de “saber” fueron ineludibles, como manera de fijar los razonamientos previos, testear si iban o no por buen camino, y continuar hacia las conclusiones adecuadas. (A veces no se tiene ni la cabeza, ni la memoria, para seguir razonamientos complejos en el aire… y son imprescindibles cuando el análisis es textual palabra por palabra, verso por verso).

En otro de estos artículos, como avisado, se expandirá el verso más críptico hacia otra sutileza que también debió estar en la mente del autor, el joven Neruda, cuando resolvió la oposición de versos para representar el signo recibido en la escucha.

Porque lo que finalmente el hablante recibió como signo en la escucha es el par de versos opuestos, y no solamente el primero de ellos.
Téngase en mente que la estructura antitética que rige el desarrollo completo de 'Galope muerto', y proveniente de ese título: galope-muerto, en esta parte del poema se desarrolló, por el joven Neruda, en dos líneas versales, la analizada, y el verso al cual se opone ; en cambio en otras partes del poema está contenida al interior de una expresión muchísimo más simple: en apenas una parte de un verso: por ejemplo: en "Como cenizas," enunciado que es en sí una estructura, una relación antitética, pues, "cenizas" es tanto el principio originario, lo vivo en potencia, y por tanto refiere lo galope, como, simultáneamente, el resultado de un  proceso de destrucción, es decir, refiere lo muerto: "cenizas" contiene en sí tanto lo galope como lo muerto.

Por esa razón es que Galope muerto es <como cenizas>; y es <como un aleteo inmenso, encima, o como abejas muertas o números>. En otras partes será como la oposición de otros elementos-relaciones, pero en lo formal, todas son expresiones equivalentes.

Si se tiene la observación en mente como principio de análisis rector del poema, el desentrañamiento de qué dice de modo intencional en su esencia 'Galope muerto' se hace fácil, a pesar de su apariencia onírica, surrealista, delírica o de asociaciones libres y sin forma. Por supuesto que esa forma externa no exime de cuidados... de por ejemplo: elegir arbitrariamente palabras, unirlas, y decidir un resultado que está en la mente del analista, y no en lo dicho por el poema.

¿Y para qué hacer todos estos análisis? Si es posible gozar de la lectura de 'Galope muerto' sin darse estas ocupaciones? Dos cosas: el saber no ocupa lugar... y mientras más se sabe, mientras más se conoce, más se ama lo amado. Y: Es cierto que se lo puede gozar como si escucháramos el doble concierto de Bach, sin saber mucho de música... pero es más plena la apreciación y el deleite para quien sabe más que para quien sabe menos. Y mejor apreciar algo por sus verdaderas cualidades que por las que le hemos supuesto y resultan no valeras. (Esto último en la vida: conduce a muchas frustraciones, y en poesía, a una incapacidad de emulación creadora, que se reemplaza por una imitación servil).
 
 
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En esta entrada, se ha mostrado el significado al interior de ‘Galope muerto’ de la línea versal “como abejas muertas o números,”, y el por qué ella está allí presente espacializada inmediato debajo de “entonces, como aleteo inmenso, encima”; además, por qué es una sola línea versal, en esa posición; y también, se ha sostenido que el signo recibido de la escucha está contenido en esos dos versos, como pares opuestos según la exigencia contenida en el título.

Se ha insistido, y creo ya profusamente probado que ‘Galope muerto’ no es un poema sin forma, ni onírico, ni surrealista, ni delírico. Por el contrario es un poema simbólico construido bajo una estricta exigencia de forma; y presentado simultáneamente como un texto de apariencia desmadejada.

Se ha mostrado otra de las intertextualidades del poema para con “Así habló Zaratustra”, y se explicitó en detalle cómo Neruda en este poema usa profusamente las intratextualidades.

A la pasada, se ha insistido en la importancia de los análisis de detalle textual para la correcta aproximación a ‘Residencia en la tierra’ y a su poema rector, ‘Galope muerto’.



Fernando Reyes Franzani
Santiago de Chile, 30 de septiembre de 2011



"como abejas muertas



o números,"


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